Conferencia 30 Método para despertar la Conciencia. Las dos conciencias: Objetiva y Subjetiva

21 de septiembre 2021

Conferencia 30 Método para despertar la Conciencia. Las dos conciencias: Objetiva y Subjetiva

Se nos ha dicho muy sabiamente que tenemos noventa y siete por ciento de Subconciencia y tres por ciento de Conciencia.

Hablando francamente y sin ambages, diremos que el noventa y siete por ciento de la Esencia que en nuestro interior llevamos, se encuentra embotellada, embutida, metida, dentro de cada uno de los Yoes que en su conjunto constituyen el “Mí Mismo”.

Obviamente la Esencia o Conciencia enfrascada entre cada Yo, se procesa en virtud de su propio condicionamiento.

Cualquier Yo desintegrado libera determinado porcentaje de Conciencia, la emancipación o liberación de la Esencia o Conciencia, sería imposible sin la desintegración de cada Yo.

A mayor cantidad de Yoes desintegrados, mayor Auto-Conciencia. A menor cantidad de Yoes desintegrados, menor porcentaje de Conciencia despierta.

El despertar de la Conciencia sólo es posible disolviendo el YO, muriendo en sí mismo, aquí y ahora.

Incuestionablemente mientras la Esencia o Conciencia esté embutida entre cada uno de los Yoes que cargamos en nuestro interior, se encuentra dormida, en estado subconsciente.

Es urgente transformar al subconsciente en consciente y esto sólo es posible aniquilando los Yoes; muriendo en sí mismos.

No es posible despertar sin haber muerto previamente en sí mismos. Quienes intentan despertar primero para luego morir, no poseen experiencia real de lo que afirman, marchan resueltamente por el camino del error.

Los niños recién nacidos son maravillosos, gozan de plena auto-conciencia; se encuentran totalmente despiertos.

Dentro del cuerpo del niño recién nacido se encuentra reincorporada la Esencia y eso da a la criatura su belleza.

No querernos decir que el ciento por ciento de la Esencia o Conciencia esté reincorporada en el recién nacido, pero si el tres por ciento libre que normalmente no está enfrascado entre los Yoes.

Sin embargo, ese porcentaje de Esencia libre reincorporado entre el organismo de los niños recién nacidos, les da plena auto-conciencia, lucidez, etc.

Los adultos ven al recién nacido con piedad, piensan que la criatura se encuentra inconsciente, pero se equivocan lamentablemente.

El recién nacido ve al adulto tal como en realidad es: inconsciente, cruel, perverso, etc.

Los Yoes del recién nacido van y vienen, dan vueltas alrededor de la cuna, quisieran meterse entre el nuevo cuerpo, pero debido a que el recién nacido aún no ha fabricado la personalidad, todo intento de los Yoes para entrar en el nuevo cuerpo, resulta algo más que imposible.

A veces las criaturas se espantan al ver a esos fantasmas o Yoes que se acercan a su cuna y entonces gritan, lloran, pero los adultos no entienden esto y suponen que el niño está enfermo o que tiene hambre o sed; tal es la inconsciencia de los adultos.

A medida que la nueva personalidad se va formando, los Yoes que vienen de existencias anteriores, van penetrando poco a poco en el nuevo cuerpo.

Cuando ya la totalidad de los Yoes se ha reincorporado, aparecemos en el mundo con esa horrible fealdad interior que nos caracteriza; entonces andamos como sonámbulos por todas partes; siempre inconscientes, siempre perversos.

Cuando morimos, tres cosas van al sepulcro:

1) El cuerpo físico. 2) El fondo vital orgánico. 3) La personalidad.

El fondo vital, cual fantasma se va desintegrando poco a poco, frente a la fosa sepulcral a medida que el cuerpo físico se va también desintegrando.

La personalidad es subconsciente o infraconsciente, entra y sale del sepulcro cada vez que quiere, se alegra cuando los dolientes le llevan flores, ama a sus familiares y se va disolviendo muy lentamente hasta convertirse en polvareda cósmica.

Eso que continúa más allá del sepulcro es el Ego, el YO pluralizado, el mí mismo, un montón de diablos dentro de los cuales se encuentra enfrascada la Esencia, la Conciencia, que a su tiempo y a su hora retorna, se reincorpora.

Resulta lamentable que al fabricarse la nueva personalidad del niño, se reincorporen también los Yoes.

Lo anterior nos permite observar que debemos hacer dos trabajos diferentes:

1- Despertar el 3% de Conciencia Objetiva:

 

Esta parte de nuestro ser, el 3%, conoce el camino que deberá desandar. Para despertarlo debemos:

  • Iniciar el trabajo con los Tres Factores para la Revolución de la Conciencia.
  • Transferir el Centro de Gravedad, que actualmente se encuentra en la personalidad, nuevamente a la Conciencia.
  • Salir de la fascinación en la que nos puso nuestra personalidad con las cosas del mundo.

 

2- Liberar y despertar el 97% de Subconciencia:

Implica morir en sí mismo, siguiendo estos pasos:

1. Auto-Observación, para poder descubrir los diferentes defectos que se manifiestan.

2. Enjuiciamiento. Cada defecto descubierto debe ser juzgado hasta ser comprendido plenamente, mediante la reflexión y la meditación.

3. Eliminación. Suplicándole a nuestra Madre Divina particular.

 

Fin Conferencia 30

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21 de septiembre 2021

Conferencia 29 La ley del pendulo

Resulta interesante tener un reloj de pared en casa, no sólo para saber las horas sino también, para reflexionar un poco. Sin el péndulo el reloj no funciona; el movimiento del péndulo es profundamente significativo. En los antiguos tiempos el Dogma de la Evolución no existía, entonces, los sabios entendían lo de que los procesos históricos se desenvuelven siempre de acuerdo con la Ley del Péndulo. Todo fluye y refluye, sube y baja, crece y decrece, va y viene de acuerdo con esta Ley maravillosa. Nada tiene de extraño que todo oscile, que todo esté sometido al vaivén del tiempo, que todo evolucione e involucione. En un extremo del péndulo está la alegría, en el otro el dolor; todas nuestras emociones, pensamientos, anhelos, deseos, oscilan de acuerdo con la Ley del Péndulo. Esperanza y desesperación, pesimismo y optimismo, pasión y dolor, triunfo y fracaso, ganancia y pérdida, corresponden ciertamente a los dos extremos del movimiento pendular. Surgió Egipto con todo su poderío y señorío a orillas del río sagrado, mas cuando el péndulo se fue al otro lado, cuando se levantó por el extremo opuesto cayó el país de los faraones y se levantó Jerusalén, la ciudad querida de los Profetas. Cayó Israel, cuando el péndulo cambió de posición y surgió en el otro extremo el Imperio Romano. El movimiento pendular levanta y hunde imperios, hace surgir poderosas civilizaciones y luego las destruye, etc. Podemos colocar en el extremo derecho del péndulo las diversas escuelas pseudo-esotéricas y pseudo-ocultistas, religiones y sectas. Podemos colocar en el extremo izquierdo del movimiento pendular a todas las escuelas de tipo materialista, marxista, ateísta, escepticista, etc. Antítesis del movimiento pendular, cambiantes, sujetas a permutación incesante. El fanático religioso debido a cualquier acontecimiento insólito o decepción, puede irse al otro extremo del péndulo, convertirse en ateísta, materialista, escéptico. El fanático materialista, ateísta, debido a cualquier hecho inusitado, tal vez un acontecimiento metafísico trascendental, un momento de terror indecible, puede llevarle al extremo opuesto del movimiento pendular y convertirle en un reaccionario religioso insoportable. Ejemplos: Un sacerdote vencido en una polémica por un esoterista, desesperado se tornó incrédulo y materialista. Conocimos el caso de una dama ateísta e incrédula que debido a un hecho metafísico concluyente y definitivo, se convirtió en una exponente magnífica del esoterismo práctico. En nombre de la verdad, debemos declarar que el ateísta materialista, verdadero y absoluto es una farsa, no existe. Ante la proximidad de una muerte inevitable, ante un instante de indecible terror, los enemigos de lo eterno, los materialistas e incrédulos pasan instantáneamente al otro extremo del péndulo y resultan orando, llorando y clamando con fe infinita y enorme devoción. El mismo Carlos Marx, autor del Materialismo Dialéctico, fue un fanático religioso judío, y después de su muerte, le rindieron pompas fúnebres de gran rabino. Carlos Marx, elaboró su Dialéctica Materialista con un sólo propósito: “Crear un arma para destruir a todas las religiones del mundo por medio del escepticismo”. Es el caso típico de los celos religiosos llevados al extremo, en modo alguno podría aceptar Marx la existencia de otras religiones y prefirió destruirlas mediante su Dialéctica. Carlos Marx, cumplió uno de los Protocolos de Sión, que dice textualmente: “No importa que llenemos el mundo de materialismo y de repugnante ateísmo, el día en que nosotros triunfemos, enseñaremos la religión de Moisés debidamente codificada y en forma dialéctica, y no permitiremos en el mundo ninguna otra religión”. Muy interesante resulta que en la Unión Soviética las religiones sean perseguidas y al pueblo se les enseñe dialéctica materialista, mientras en las sinagogas se estudia el Talmud, la Biblia y la religión y trabajan libremente sin problema alguno. Los amos del gobierno ruso son fanáticos religiosos de la Ley de Moisés, mas ellos envenenan al pueblo con la farsa esa del Materialismo Dialéctico. Jamás nos pronunciaríamos contra el pueblo de Israel; sólo estamos declarando contra cierta élite de doble juego que persiguiendo fines inconfesables envenena al pueblo con la Dialéctica Materialista, mientras en secreto practica la religión de Moisés. Materialismo y Espiritualismo con toda su secuela de teorías, prejuicios y pre-conceptos, de toda especie se procesan en la mente de acuerdo con la Ley del Péndulo y cambian de moda de acuerdo con los tiempos y las costumbres. Espíritu y materia son dos conceptos muy discutibles y espinosos que nadie entiende. Nada sabe la mente sobre el espíritu, nada sabe sobre la materia. Un concepto no es más que eso, un concepto. La realidad no es un concepto aunque pueda forjarse muchos conceptos sobre la realidad. El espíritu es el Espíritu (el Ser) y sólo a sí mismo puede conocerse. Escrito está: “El Ser es el Ser y la razón de Ser es el mismo Ser”. Los fanáticos del Dios materia, los científicos del Materialismo Dialéctico son empíricos, y absurdos en un ciento por ciento. Hablan sobre la materia con una auto-suficiencia deslumbrante y estúpida, cuando en realidad nada saben sobre la misma. ¿Qué es materia? ¿Cuál de estos tontos científicos lo sabe? La tan cacareada materia es también un concepto demasiado discutible y bastante espinoso. ¿Cuál es la materia?, ¿el algodón?, ¿el hierro?, ¿la carne?, ¿el almidón?, ¿una piedra?, ¿el cobre?, ¿una nube o qué?. Decir que todo es materia sería tan empírico y absurdo como asegurar que todo el organismo humano es un hígado o un corazón o un riñón. Obviamente una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa, cada órgano es diferente y cada substancia es distinta. ¿Entonces, cuál de todas estas substancias es la tan cacareada materia? Con los conceptos del péndulo juega mucha gente, pero en realidad los conceptos no son la realidad. La mente solamente conoce formas ilusorias de la naturaleza pero nada sabe sobre la verdad contenida en tales formas. Las teorías pasan de moda con el tiempo y con los años y lo que uno aprendió en la escuela resulta que después ya no sirve, conclusión: nadie sabe nada. Los conceptos de la extrema derecha o de la extrema izquierda del péndulo, pasan como las modas de las mujeres, todos esos son procesos de la mente, cosas que suceden en la superficie del entendimiento, tonterías, vanidades del intelecto. A cualquier disciplina psicológica se le opone otra disciplina, a cualquier proceso psicológico lógicamente estructurado se le opone otro semejante, ¿y después de todo, qué? Lo Real, la Verdad, es lo que nos interesa; mas esto no es cuestión del péndulo, no se encuentra entre el vaivén de las teorías y creencias. La Verdad es lo desconocido de instante en instante, de momento en momento. La Verdad está en el centro del péndulo, no en la extrema derecha y tampoco en la extrema izquierda. Cuando a Jesús le preguntaron: ¿Qué es la Verdad?, guardó un profundo silencio. Y cuando al Buda le hicieron la misma pregunta, dio la espalda y se retiró. La Verdad no es cuestión de opiniones, ni de teorías, ni de prejuicios de extrema derecha o de extrema izquierda. El concepto que la mente puede forjarse sobre la verdad, jamás es la Verdad. La idea que el entendimiento tenga sobre la verdad nunca es la Verdad. La opinión que tengamos sobre la verdad, por muy respetable que ella sea, en modo alguno es la Verdad. Ni las corrientes espiritualistas, ni sus oponentes materialistas, pueden conducirnos jamás a la verdad. La Verdad es algo que debe ser experimentado en forma directa, como cuando uno mete el dedo en el fuego y se quema, o como cuando uno traga agua y se ahoga. El centro del péndulo está dentro de nosotros mismos y es allí donde debemos descubrir y experimentar en forma directa lo Real, la Verdad. Necesitamos auto-explorarnos directamente para auto-descubrirnos y conocernos profundamente a sí mismos. La experiencia de la Verdad sólo adviene cuando hemos eliminado los elementos indeseables que en su conjunto constituyen el Mí Mismo. Sólo eliminando el error viene la Verdad. Sólo desintegrando el Yo Mismo, mis errores, mis perjuicios y temores, mis pasiones y deseos, creencias y fornicaciones, encastillamientos intelectuales y auto-suficiencias de toda especie, adviene a nosotros la experiencia de lo Real. La Verdad nada tiene que ver con lo que se haya dicho o dejado de decir, con lo que se haya escrito o dejado de escribir, ella solamente adviene a nosotros cuando el Mí Mismo ha muerto. La mente no puede buscar la Verdad porque no la conoce. La mente no puede reconocer la Verdad, porque jamás la ha conocido. La Verdad adviene a nosotros en forma espontánea cuando hemos eliminado todos los elementos indeseables que constituyen el Mí Mismo, el Yo Mismo. En tanto la Conciencia continúe embotellada entre el Yo Mismo, no podrá experimentar eso que es lo Real, eso que está más allá del cuerpo, de los afectos y de la mente, eso que es la Verdad. Cuando el Mí Mismo queda reducido a polvareda cósmica, la Conciencia se libera para despertar definitivamente y experimentar en forma directa la Verdad. Con justa razón dijo el Gran Kabir Jesús: “Conoced la verdad y ella os hará libres”. ¿De qué sirve al hombre conocer cincuenta mil teorías si jamás ha experimentado la Verdad? El sistema intelectual de cualquier hombre es muy respetable, mas a cualquier sistema se le opone otro y ni uno ni otro es la Verdad. Más vale auto-explorarnos para auto-conocernos y llegar a experimentar un día en forma directa, lo real, la Verdad.   CONCEPTO Y REALIDAD. ¿Quién o qué puede garantizar que el concepto y la realidad resulten absolutamente iguales? El concepto es una cosa y la realidad es otra y existe tendencia a sobreestimar nuestros propios conceptos. Realidad igual a concepto es algo casi imposible, sin embargo la mente hipnotizada por su propio concepto supone siempre que éste y realidad son iguales. A un proceso psicológico cualquiera correctamente estructurado mediante una lógica exacta, se le opone otro diferente reciamente formado con lógica similar o superior, ¿entonces qué? Dos mentes severamente disciplinadas dentro de férreas estructuras intelectuales discutiendo entre sí, polemizando, sobre tal o cuál realidad creen cada una en la exactitud de su propio concepto y en la falsedad del concepto ajeno, ¿mas cuál de ellas tiene la razón?, ¿quién podría honradamente dar garantes en uno y otro caso?. ¿En cuál de ellos, concepto y realidad resultan iguales? Incuestionablemente cada cabeza es un mundo y en todos y en cada uno de nosotros existe una especie de dogmatismo pontificio y dictatorial que quiere hacernos creer en la igualdad absoluta de concepto y realidad. Por muy fuertes que sean las estructuras de un razonamiento nada puede garantizar la igualdad absoluta de conceptos y realidad. Quienes están auto-encerrados dentro de cualquier procedimiento logístico intelectual quieren hacer siempre coincidir la realidad de los fenómenos con los elaborados conceptos y esto no es más que el resultado de la alucinación razonativa. Abrirse a lo nuevo es la difícil facilidad del clásico, desgraciadamente la gente quiere descubrir, ver en todo fenómeno natural sus propios prejuicios, conceptos, preconceptos, opiniones y teorías; nadie sabe ser receptivo, ver lo nuevo con mente limpia y espontánea. Que los fenómenos le hablen al sabio sería lo indicado, desafortunadamente los sabios de estos tiempos no saben ver los fenómenos, sólo quieren ver en los mismos la confirmación de todos sus preconceptos. Aunque parezca increíble los científicos modernos nada saben sobre los fenómenos naturales. Cuando vemos en los fenómenos de la naturaleza exclusivamente nuestros propios conceptos, ciertamente no estamos viendo los fenómenos sino los conceptos. Empero, alucinados los tontos científicos por su fascinante intelecto, creen en forma estúpida que cada uno de sus conceptos es absolutamente igual a tal o cual fenómeno observado, cuando la realidad es diferente. No negamos que nuestras afirmaciones sean rechazadas por todo aquel que esté auto-encerrado por tal o cual procedimiento logístico; incuestionablemente la condición pontificia y dogmática del intelecto en modo alguno podría aceptar que tal o cual concepto correctamente elaborado, no coincida exactamente con la realidad. Tan pronto la mente, a través de los sentidos, observa tal o cual fenómeno, se apresura de inmediato a rotularla con tal o cual término cientifista que incuestionablemente sólo viene a servir como parche para tapar la propia ignorancia. La mente no sabe realmente ser receptiva a lo nuevo, mas sí sabe inventar complicadísimos términos con los cuales pretende calificar en forma auto-engañosa lo que ciertamente ignora. Hablando esta vez en sentido socrático, diremos que la mente no solamente ignora, sino además, ignora que ignora. La mente moderna es terriblemente superficial, se ha especializado en inventar términos hechos dificilísimos para tapar su propia ignorancia. Existen dos clases de ciencia: la primera no es más que ese podridero de teorías subjetivas que abundan por allí. La segunda es la ciencia pura de los grandes iluminados, la Ciencia Objetiva del Ser. Indubitablemente no sería posible penetrar en el anfiteatro de la ciencia cósmica, si antes no hemos muerto en sí mismos. Necesitamos desintegrar todos esos elementos indeseables que cargamos en nuestro interior, y que en su conjunto constituyen en sí mismos, el Yo de la Psicología. En tanto la Conciencia Superlativa del Ser continúe embotellada entre el Mí Mismo, entre mis propios conceptos y teorías subjetivas, resulta absolutamente imposible conocer directamente la cruda realidad de los fenómenos naturales en sí mismos. La llave del laboratorio de la naturaleza, la tiene en su mano diestra el Ángel de la Muerte. Muy poco podemos aprender del fenómeno del nacimiento, mas de la muerte podremos aprender todo. El templo inviolado de la ciencia pura se encuentra en el fondo de la negra sepultura. Si el germen no muere la planta no nace. Sólo con la muerte adviene lo nuevo. Cuando el Ego muere, la Conciencia despierta para ver la realidad de todos los fenómenos de la naturaleza tal cual son en sí mismos y por sí mismos. La Conciencia sabe lo que directamente experimenta por sí misma, el crudo realismo de la vida más allá del cuerpo, de los afectos y de la mente. Graficos complementarios: A un ascenso siempre le sigue un descenso de igual magnitud.La línea del medio es la Verdad.El punto crítico permite contemplar los dos extremos para trascenderlos.    El Péndulo Interior. Para alcanzar la Comprensión debemos evitar polarizarnos en el Intelecto o en el Sexo. La Comprensión es una facultad del corazón que permite conciliar los opuestos.

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21 de septiembre 2021

Conferencia 31 Criaturas Mecánicas

De ninguna manera podríamos negar la Ley de Recurrencia procesándose en cada momento de nuestra vida. Ciertamente en cada día de nuestra existencia, existe repetición de eventos, estados de conciencia, palabra, deseos, pensamientos, voliciones, etc. Es obvio que cuando uno no se auto-observa, no puede darse cuenta de esta incesante repetición diaria. Resulta evidente que quien no siente interés alguno por observarse a sí mismo, tampoco desea trabajar para lograr una verdadera transformación radical. Para colmo de los colmos hay gentes que quieren transformarse sin trabajar sobre sí mismos. No negamos el hecho de que cada cual tiene derecho a la real felicidad del espíritu, más también es cierto, que tal felicidad sería algo más que imposible si no trabajamos sobre sí mismos. Uno puede cambiar íntimamente, cuando de verdad consigue modificar sus reacciones ante los diversos hechos que le sobrevienen diariamente. Empero no podríamos modificar nuestra forma de reaccionar ante los hechos de la vida práctica, si no trabajáramos seriamente sobre sí mismos. Necesitamos cambiar nuestra manera de pensar, ser menos negligentes, volvernos más serios y tomar la vida en forma diferente, en su sentido real y práctico. Empero, si continuamos así tal como estamos, comportándonos en la misma forma todos los días, repitiendo los mismos errores, con la misma negligencia de siempre, cualquier posibilidad de cambio quedará de hecho eliminada. Si uno de verdad quiere llegar a conocerse a sí mismo, debe empezar por observar su propia conducta, ante los sucesos de cualquier día de la vida. No queremos decir con esto que no deba uno observarse a sí mismo diariamente, sólo queremos afirmar que se debe empezar por observar un primer día. En todo debe haber un comienzo, y empezar por observar nuestra conducta en cualquier día de nuestra vida, es un buen comienzo. Observar nuestras reacciones mecánicas ante todos esos pequeños detalles de alcoba, hogar, comedor, casa, calle, trabajo, etc., etc., etc., lo que uno dice, siente y piensa, es ciertamente lo más indicado. Lo importante es ver luego como o de que manera puede uno cambiar esas reacciones; empero, si creemos que somos buenas personas, que nunca nos comportamos en forma inconsciente y equivocada, nunca cambiaremos. Ante todo necesitamos comprender que somos personas-máquinas, simples marionetas controladas por agentes secretos, por Yoes ocultos. Dentro de nuestra persona viven muchas personas, nunca somos idénticos; a veces se manifiesta en nosotros una persona mezquina, otras veces una persona irritable, en cualquier otro instante una persona espléndida, benevolente, más tarde una persona escandalosa o calumniadora, después un santo, luego un embustero, etc. Tenemos gente de toda clase dentro de cada uno de nosotros, Yoes de toda especie. Nuestra personalidad no es más que una marioneta, un muñeco parlante, algo mecánico. Empecemos por comportarnos conscientemente durante una pequeña parte del día; necesitamos dejar de ser simples máquinas aunque sea durante unos breves minutos diarios, esto influirá decisivamente sobre nuestra existencia. Cuando nos Auto-Observamos y no hacemos lo que tal o cual Yo quiere, es claro que empezamos a dejar de ser máquinas. Un sólo momento en que se esté bastante consciente, como para dejar de ser máquina, si se hace voluntariamente, suele modificar radicalmente muchas circunstancias desagradables. Desgraciadamente vivimos diariamente una vida mecanicista, rutinaria, absurda. Repetimos sucesos, nuestros hábitos son los mismos, nunca hemos querido modificarlos, son el carril mecánico por donde circula el tren de nuestra miserable existencia; empero, pensamos de nosotros lo mejor… Por donde quiera abundan los “MITÓMANOS”, los que se creen Dioses; criaturas mecánicas, rutinarias, personajes del lodo de la tierra, míseros muñecos movidos por diversos Yoes; gentes así no trabajarán sobre sí mismos… Fin Conferencia 31

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